Muebles contenedores para las vajillas
Las necesidades para cada uno de estos artículos son distintas. Para la vajilla se precisa baldas con una profundidad óptima de 40/50 cm; en cambio, para los cubiertos y accesorios son necesarios pequeños cajones, no muy altos ni muy profundos; la mantelería, finalmente, exige cajones más amplios, altos y profundos.
Asimismo, hay que tener en cuenta, además de la forma de los contenedores, las alturas medias que condicionan su uso. Las mesas, actualmente, miden alrededor de los 70 cm; esto condiciona la altura de los contenedores eventualmente coordinados con aquellas. Así pues, una altura de 140 cm viene a ser la máxima accesible para los cajones; más allá de este límite únicamente se podrá usar (y mal) algunas baldas, puesto que de otro modo resultaría imposible ver lo que se usa, y, en cualquier caso, sería dificultoso extraerlo. Llegados aquí, se puede pasar a la elección de los elementos. Estos serán de distinto tipo según las exigencias de las diferentes decoraciones. Si hay que ordenar pocas cosas, podría bastar con un largo contenedor bajo, en lo posible integrado armónicamente con el resto de la decoración. Si las cosas a contener son muchas, o fastidiosas, habrá que optar por un verdadero armario, animado aquí y allá por huecos que interrumpan su excesiva monotonía. Si, por último, se dispone de poco espacio, lo ideal es el armario «preparado», con mesa extraíble y volcable, y que contenga en un único mueble baldas, cajones, ca-joncillos y todo lo necesario para cumplir eficientemente todas las funciones conexas con la comida. Por cierto que, en cualquier caso, las soluciones de esta zona tendrán que estar coordinadas, en cuanto a materiales y líneas, con las del resto de la decoración.


