Como decorar un living comedor 0
Con acceso directo al jardín, el comedor se amuebló con dos butacas y una alacena provenzales.
Con acceso directo al jardín, el comedor se amuebló con dos butacas y una alacena provenzales.
En la planta baja, con vanos accesos directos al jardín, se habilitó un amplio salón dividido en dos zonas: de tertulia y de lectura. En la primera de ellas se creó un relajado ambiente, que gira en torno a una chimenea también originaria de la vivienda, con un sofá y unas butacas tapizados con una tela de la firma Jab, que distribuye Múgica. Completa la decoración una mesa de centro de madera adquirida en un rastrillo. Al lado de la ventana se colocó un aparador provenzal de la misma tienda. En el rincón de lectura se dispuso una mesa tocinera de madera de pino, procedente de Palau Reial, y una banqueta tapizada con una tela de petit point bordada por la propietaria de la casa. Desde el salón se accede al comedor en el que se incorporó la cocina. Este espacio se amuebló con dos butacas provenzales tapizadas con una tela de rayas, también de Jab, y una alacena de madera de pino, igualmente de procedencia francesa, que fue encontrada en un rastrillo. Una puerta con cuarterones de cristal da paso al jardín. En la segunda planta, se encuentran una sala de estar y el dormitorio principal, este último dominado por los tonos crudos.
Esta espléndida vivienda unifamiliar de sólo una planta, se edificó hace catorce años en una parcela de casi una hectárea, situada en una escogida zona residencial cercana a Girona. Los nuevos propietarios encargaron al arquitecto técnico e interiorista Joan Bosch, una reforma que se adaptara a las necesidades de una pareja con hijos. Para definir el proyecto desde el principio, Bosch se planteó un objetivo básico: relacionar el espacio que quedaba entre las diferentes áreas y conectarlas con el exterior.
La cocina es el corazón rústico de una casa de campo, y esta mantiene el estilo, con el suelo de toba, las vigas, el mobiliario de abedul, la alacena y los cestos de mimbre. Para el baño, Inés buscó y volvió a buscar, hasta encontrar quien fabricara las baldosas rústicas que había visto en una revista inglesa: azules, y con esmaltado blanco.
Decoracion de living.
Por fin, se decidieron por el blanco, un tono burdeos para el zócalo y un gris azulado que tiñe, con pigmentos naturales, el portal de la entrada, los dormitorios y hasta algunas sillas de jardín. Alrededor de la chimenea de obra, como los bancos contiguos, que llevan cojines en un tono similar al del zócalo, la familia se reúne cuando los vientos de la tramontana o el frío impiden salir al jardín.
No es más que una decoración casera, con cortinas amarillas para dar un aire alegre y muebles de casas anteriores, como una mesa pastera para amasar pan que hay en un rincón y perteneció a mi madre.
Para elegir los colores, la familia merodeó por los pueblos ampurdaneses, fijándose en las casas tradicionales.
El tema del patio apasiona a Inés: “Es un jardín casi secreto, con glicinas, un limonero, rododendro blanco, solanum, abelias, iberis, viburnum, saúco: todo de la zona”. Aunque cuesta abandonar el patio, también el interior ofrece estímulos, con el suelo y la escalera de toba, la carpintería de madera de abedul, las vigas antiguas y esas otras pintadas de blanco que coronan el salón. “Las hemos pintado blancas porque el techo es muy bajo, y así se disimula”, explica Inés.