Guía interactiva de Decoración de interiores y Estilos

DECORACION INTERIORES


Archivos de ‘Tudor isabelino’


Alacena de encina con estante para platos 0

Escrito el 05 marzo, 2009 por admin

Alacena de encina con estante para platos
El empobrecimiento del reino por causa de las guerras venía acentuándose desde períodos anteriores. Y durante el reinado de Guillermo III y de la Reina María II (1869-1702), si bien la aristocracia impuso sus preferencias en materia de mobiliario, se suscitaron ya condiciones determinantes de modificaciones substanciales. Nos es dable entonces, apreciar ejemplos de transición estilística, muy significativos en lo concerniente a que la Naturaleza, en nada procede por saltos bruscos. Sí, el barroco iba cediendo paso a formas menos opulentas aunque siempre movidas característica del barroco como es fácil observar en los respaldos curvados con la intención de amoldarlos a la forma de la espalda, y las patas de cabra o cabriolas que tienen su antecedente remoto en los muebles chinos de la época Ming.

Muebles decoracion 0

Escrito el 16 febrero, 2009 por admin

Los cielos rasos son enyesados y pintados, mientras que en las paredes, paneles de madera y revestimientos de tapices tienden a enriquecer el aspecto ambiental. Siempre con predominio de las características inglesas, pues las aportaciones de los artesanos de Italia se reducen a pequeños adornos de rasgos clásicos, entre los que preponderan las volutas. Según se va viendo, la evolución del Renacimiento inglés, tan demorada, implica concederle al Tudor la preeminencia de su neto carácter nacional.
Las formas del gótico tardío persisten, de una u otra manera, en Inglaterra. Y, en lo referente al mueble, cabe decir que aquel estilo tardó un siglo en lograr su penetración definitiva. De ahí la dificultad de hacer coincidir algún ambiente Tudor auténtico con los que estamos acostumbrados a ver como “reviváis” resurrecciones, porque aquellos ambientes significaban acomodaciones a períodos sucesivos.

Decoracion de casa 0

Escrito el 15 febrero, 2009 por admin

Así, por ejemplo, en los comienzos del Tudor nos llamaría la atención la presencia de sillas que, por su rusticidad, mueven a rechazo. Nos haría falta concurrir a Cou-dray House, en Midhurst, Hen-grave Hall, en Bury St. Edmunds o al Hampton Court, tan cercano a Londres, para comprender por qué, dentro del Tudor, que se da como estilo claramente reconocible, existe una matizada serie de transiciones que exigen prudencia por parte del contemplador. Son consecuencias de una evolución lenta que obliga a ver las raíces del Tudor antes de la dinastía real que leda su nombre, mientras que su continuación abarca un período que se extiende más allá del reinado de la familia real inaugurada por Enrique VII. Conviene recordar, que, a raíz de la muerte de Enrique VIII, ocupó el trono de Inglaterra su hijo.

Ideas decoracion 1

Escrito el 27 enero, 2009 por admin

Balcón con escudo del Portal, Hampton Court
Atrás iba quedando la Edad Media y comenzaba a florecer el Renacimiento. Y mientras la ambición del Cielo, señalada por el predominio de la línea ascendente, iba cediendo paso a la búsqueda del apoyo, la vertical, opuesta a la horizontal, establecía el ritornelo de una vieja polémica, tan ambiciosa, en su esencia, como la idea de lograr la armoniosa conciliación de los opuestos. Así, pues, Tierra versus Cielo o viceversa, sería el enfoque que proponen, inicialmente, las líneas en pugna o, si se prefiere, en interacción. Pero las líneas en sí entes invisibles solo son signos de procesos interiores, tan inestables como el progreso mismo del hombre.Las propias “líneas” del Rey, fueron cambiando progresivamente. En verdad, cuesta reconocer al atlético monarca de los años juveniles tras la deforme apariencia del hombre que, a los 56 años de edad, iba a entrar en la inmortalidad de los controvertidos más por los hombres que por la Historia. Recordemos que su padre, después de la batalla de Bosworth había logrado, tras laterminación de la Guerra de las Dos Rosas, imprimir a la monarquía singular autoridad. Pero terminó dejando al hijo, aparte la herencia de un físico vigoroso y carácter autoritario, la responsabilidad de un reino consolidado pero que había que fortalecer. Enrique VII, cuya muerte acaeció en 1509, puede ser considerado como el iniciador del estilo que lleva el nombre de su familia, aunque es poco recordado en tal sentido. Pero si se piensa que el Cambridge College, ya en 1450, esto es, varios años antes de comenzar la dinastía famosa, definía las características del estilo Tu-dor, debemos pensar que los orígenes de éste son anteriores a los que su denominación hace suponer.
Recordemos que el inglés fue el más tardío de los Renacimientos. ¿A que se debió ello? Veamos algunas de las probables causas. Ante todo, conviene aclarar que Enrique VIII, excepcionalmente dotado para las Artes fue compositor e intérprete musical notable hizo llamar a Inglaterra, entre otros artistas, a pintores como el famosísimo alemán Hans Holbein, a quien convirtió en retratista oficial, y al italiano Giovanni da Majano, llegado para transformar el castillo de Hampton Court. Pero las penetraciones foráneas eran escasas, y en ello parecería prevalecer cierta resistencia muy inglesa, o, si se prefiere, muy Tudor. Podría hablarse, portanto, de una insularidad espiritual que se agregaba a la otra, geográfica. Teniendo esto en cuenta, no ha de extrañar la dilatada duración del estilo, que nos ocupa. El Tudor se prolongó casi dos siglos, pero debe ser considerado como un estilo de transición, no obstante sus características distintivas. Estructuras góticas con motivos ornamentales del siglo XV italiano señalan la primera aproximación que habría que establecer en el proceso evolutivo del Tudor; pero ¿cómo podríamos caracterizar

Decoracion tudor isabelino 0

Escrito el 02 enero, 2009 por admin

Constituye algo arriesgado todo intento de explicar cualquier estilo sin tener en cuenta los que le precedieron o, por lo menos, los inmediatamente anteriores. Porque es un campo dentro del cual resulta impropio moverse con absoluta autonomía y, en cambio, corresponde, prudentemente, tener en cuenta antecedentes, cuando no interdependencias. El “Perpendicular”, última forma del gótico inglés, es muy fácil de ver en la Abadía de Westminster, de Londres. Este edificio de piedra labrada que data del siglo XIII, del período de Enrique III, y encierra los sepulcros de los reyes y personajes importantes de Inglaterra, debe ser citado como uno de los antecedentes del estilo llamado Tudor.
La perpendicularidad induce a pensar en la verticalidad, a pesar de que ambos conceptos difieren entre sí. El gótico, por su sentido ascencional “plegaria florecida en mármol y pied ra que se eleva al cielo” fue vertical hasta el instante en que empezó a ser coartado por el “perpendicular”. ¿Qué quiere decir perpendicular, precisamente, en este caso?. La denominación le viene de los ventanales divididos mediante travesanos horizontales superpuestos que cortan a otros verticales. Por su abundancia y proximidad, los maineles columnitas, pese a su carácter lineal, provocan cierto énfasis llamativo que podría tomarse como un signo al observar el exterior de la abadía citada. Añádase a ello la acentuación de la suntuosidad de los tejados y, en el interior, las nervaduras de piedra que, en las bóvedas llamadas “en abanico”, anuncian, desde varias décadas antes que el “flan-boyant” francés, el tránsito del gótico. Un tránsito efectuado en Inglaterra tan lentamente que, más bien, hace pensar en persistencia.
El claustro de la Catedral de Gloucester, por su parte, con las bóvedas y muros tan cargados de tracería decoración geométrica prevalecientemente curvilínea, sirve para apoyar lo dicho, al propio tiempo que para situarnos ante la clásica oposición entre la vertical anhelante de altura y la horizontal, siempre predispuesta a cimentar un principio dualista espíritu versus alma hasta suscitar las inagotables controversias entre la inexorabilidad de la recta y la complacencia de la curva. ¿Podemos, ya, intentar una explicación del advenimiento del estilo Tudor? Algo se ha insinuado al respecto, del mismo modo que nos hemos aproximado al mundo de las tensiones lineales que, desde el plano simbólico, podrían constituir un anticipo de los cambios que habrá de imponer el monarca más discutible de la historia de Inglaterra.
El personaje Enrique VIII, también, estaba prefigurado por causas como las que determinar la dinámica inapelable de la Historia, que obra, casi siempre, por encima de los aparentes dictámenes individuales.



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