Decoracion hogar 0
La aparición de grandes ventanas rectangulares, como manifiesto deseo de propender a una mayor comunicación con el exterior, es otro signo que merece ser señalado, al propio tiempo que las llamadas “bow Windows”, esto es, ventanas salientes, verdaderos miradores que predisponen a la contemplación del mundo de afuera, cuando asimismo, los interiores van, cada vez, superando las condiciones de simples habitáculos para convertirse en lugares de grata permanencia. Empiezan a desaparecer las bóvedas y las tracerías, en tanto que el ladrillo ya rivaliza en jerarquía con la piedra, en las residencias de los acaudalados. Quienes quieren interpretar tal jerarquiza-ción como símbolo hallarán justificativo en los esfuerzos efectuados por el segundo de los Tudor en procura de la nivelación social, a pesar de que, después del proceso de anulación monástica provocada por el cisma religioso, surgió la preponderancia de quienes cedieron a los apetitos de la apropiación de bienes. Surge, en ese momento, algo muy visible: muchas de las construcciones empiezan a responder a la intención de perpetuar arquitecturas características, ya desarraigadas de su destino preciso. Así, pues, aunque todavía perduren sus rasgos aparentes, la casa no constituye ya una fortaleza, por más que subsistan las almenas, esos dientes que reibetean los bordes de los muros de los viejos castillos.


